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El tejido de nuestras vidas
Artículo publicado en La
Verdad.
Fecha: 25/10/05
Un artículo de Opinión solicitado para el suplemento
dedicado al Día de Internet en La Verdad
“Piensa global, actúa local. Piensa local, actúa
global”. Así empezábamos los proyectos para nuestros
primeros clientes, allá por 1998. Un momento de la Internet completamente
distinto al actual, donde la divulgación de todo tipo de detalles
sobre este canal de información y comunicación se hacía
imprescindible, en el trabajo, con los amigos y la familia. Un momento
apasionante del que aún recuerdo arduas discusiones con algunos
informáticos y empresarios, escépticos o quizá
¿celosos? ante lo que empezaba a vislumbrarse como el mejor invento
para los inicios del nuevo milenio. Nosotros, junto con muchos otros,
sí creíamos firmemente en que las distintas tecnologías
que conforman Internet servirían para llegar más allá
del ámbito natural de la acción de cada cual, accediendo
a datos y gentes de fuera, primero, proyectándonos lejos, después.
Era nuestra apuesta personal y empresarial. Y en esa cita resumíamos
dos cosas, hoy obvias: la oportunidad de trascender el territorio y
la bidireccionalidad de la nueva metodología.
En
esos dos últimos años del siglo pasado, las primeras gentes
que accedían a Internet mostraban gran curiosidad sobre su funcionamiento.
A menudo, una definición sencilla de Internet como “red
de ordenadores conectados entre sí a través de cable telefónico
y un protocolo de comunicación inventado para ella” era
la más manejada. Hablábamos de módems, routers,
el TCP/IP, la RDSI y otros tipos de conexión. Hasta que entraron
en juego los grandes proveedores de conectividad y entonces la velocidad
de carga, el ancho de banda, la tarifa plana y las posibilidades del
ADSL estaban todos los días en nuestra boca. Fue ése un
momento difícil para varias empresas pioneras de Murcia, que
tuvieron que claudicar ante los grandes, vendiendo su cartera, transformando
su oferta de servicios o, simplemente, desapareciendo.
Poco a poco, fueron haciéndose protagonistas conceptos como
dominio, páginas web, buscadores –entonces Yahoo era el
rey y al usuario novato le resultaba difícil de asimilar que
un servicio tan necesario y solicitado fuese gratuito– y las diferencias
entre los distintos navegadores, el monopolio de Microsoft, una vez
más la velocidad de carga de las páginas…
Los medios de comunicación de masas pasaron desde informar sólo
sobre los peligros de la red –que si ETA había publicado
cómo hacer cócteles molotov, que si los pederastas la
usaban como almacén de fotografías ilegales,…- a
dar una visión más ecuánime y positiva. Y, progresivamente,
iban surgiendo sus sedes web propias, en muchos casos, productos de
gran calidad. El nuevo canal dejaba de ser competidor para convertirse
en aliado. La televisión española e Internet se hermanaron
el día que Yahoo se publicitó en varios canales televisivos
generalistas. Poca gente sabe que, mucho antes, desde otoño de
1998, la dirección de nuestra modesta empresa venía saliendo
regularmente en los créditos del programa “Corazón
de…”, por haber realizado la sede web de uno de sus colaboradores.
Nunca capitalizamos este hecho ni la presentación que de aquel
trabajo hicimos en la FNAC de Madrid, rodeados del famoseo
español de entonces; ahora ya no vale nada, no es más
que una anécdota. Así ocurre a menudo con Internet: la
oportunidad, el momento –ni demasiado pronto ni demasiado tarde-
lo es todo para el salto al triunfo por la vía rápida.
Y en esas estábamos cuando, en un tiempo récord, Internet
se convirtió en la palabra de moda. De repente, el dinero empezó
a ser importante en esta red de redes libre de propietarios y desarrollada
por generosos universitarios y creativos hackers. Algunas empresas
puntocom empezaron a cotizar en bolsa, los pelotazos
estaban servidos en la Internet de las grandes cifras. Fue una burbuja,
pero marcó un hito. Entidades financieras y grandes corporaciones
por fin se tomaban en serio este canal y asumieron la Web y el correo
electrónico en su seno. La nueva economía se fraguó
ante nuestros ojos, en una doble perspectiva: la economía de
las industrias de Internet (aún estamos en mantillas) y la economía
que, en palabras del experto Manuel Castells “emerge desde el
interior de la vieja, como resultado del uso de Internet por la empresa
para sus propios fines y en contextos específicos”. Según
el sociólogo, al que le debemos el título de esta crónica,
la extensión de los usos de Internet nos conduce a un nuevo mundo
empresarial con un potencial de crecimiento de la productividad sin
precedentes.
Finalizado casi el primer lustro del nuevo milenio, los blogs
o diarios personales de los usuarios y los chats seguidos de kedadas
para conocerse e incluso ¡matrimoniarse! convocan a miles de usuarios
diariamente. Las organizaciones que ya creían en las redes como
forma organizativa encuentran en Internet una que les permite coordinarse
y gestionar tareas de manera eficaz. Muchos proyectos altruistas suelen
encontrar financiación para desarrollarse en web. Para XL internet,
los retos ahora están en hacer lo que más nos gusta, ser
capaces de desarrollar contenidos que comuniquen y responder a la cada
vez mayor exigencia del internauta de hoy sobre cómo éstos
son presentados visualmente, cómo se organiza la arquitectura
de la información, cuánto de relevante hay en ellos, cómo
de fácil resulta encontrarlos en la tela de araña.
Otra definición básica de Internet como “comunidad
mundial de personas que comparten información y servicios”
va tomando protagonismo. Es algo simple, pero que a veces olvidamos:
Internet somos los que estamos detrás de esos ordenadores conectados,
tan plural como nosotros mismos, tan virtual como nosotros queramos
que sea. En ella se teje también una oportunidad de cambio de
lo que funciona mal en el planeta. Hemos comprobado su potencial ante
la censura informativa y la manipulación política, no
en vano, en el origen, está la red militar de los años
sesenta, desarrollada como alternativa a las comunicaciones tradicionales.
Para que sea útil a ese propósito transformador, la brecha
digital debe minimizarse, Internet ha de integrarse en toda estrategia
de desarrollo del Tercer Mundo y cada uno de los nodos, cada uno de
nosotros, debe tomar conciencia de que forma parte de una extraordinaria
aventura humana, libre y planetaria.
CASTELLS, MANUEL. "La Galaxia Internet. Reflexiones
sobre Internet, empresa y sociedad". (2001). Plaza & Janés
Editores.
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al artículo original.
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